Camila Guillén Trujillo, una reina en una aldea cuencana

CUENCA.-
 
Sus grandes ojos verdes se iluminan cada vez que sonríe. Con espontaneidad habla sobre su vida. Como única hija, Camila Guillén Trujillo, de 18 años, es una princesa de su propia aldea y la nueva soberana de Cuenca. Creció en un lugar de los que casi no existen en esta ciudad.

Rodeadas de muros de piedra, con pencos y vegetación, están un montón de casitas de adobe, piedra, ladrillo y madera, con pequeños balcones llenos de geranios. Con hornos de leña y redondeles de adoquín, ningún cerramiento las separa, de ahí el nombre de La Aldea, donde los hermanos de Diego Guillén, papá de Camila, decidieron vivir y ver crecer a sus hijos.

En su casa de una sola planta y rincones llenos de fotografías de arte religioso, que contrastan con pinturas contemporáneas, Camila vive con su mamá, Diana Trujillo, una colombiana que ya tiene el cantadito cuencano. También está Joaquín, el pequeño perro, “que no es mi hermano, es mi hijo”, asevera la nueva soberana con una sonrisa, aunque Joaquín gruñe cada vez que la hija única se acerca a sus padres. Toda la familia coincide en que es por celos y para confirmarlo Diana muestra una pequeña cicatriz que tiene Camila en la comisura derecha de sus labios, producto de un “ataque de celos de Joaquín”.

Pero aún así Camila sonríe y lo abraza. Sus padres no dudan en calificarla como una joven generosa, altruista y muy alegre, que no guarda rencores y que siempre busca aprender de la vida. “Desde niña, cuando salía a la calle, olvidaba sus muñecas o juguetes, pero nunca volvía por ellos y era porque alguna otra niña los tenía entre sus manos y Camila prefería que se los quede”, dice Diana, la mamá, quien desde que escuchó el nombre de su hija como la nueva reina de Cuenca, está susceptible y se le derraman unas lágrimas.

Pero el papá en tono sutil y con una sonrisa, dice: “yo pensaba que era por olvidadiza, porque hasta ahora olvida cosas”, y todos ríen, especialmente la nueva soberana, quien el año anterior por primera vez se separó de sus padres, para asistir a un campamento de verano en Estados Unidos.

“Necesitaba perfeccionar mi inglés, con la aspiración de empezar mi carrera universitaria en Economía, y sueño con una maestría en Negocios Internacionales”, agrega Camila. La economía es importante para esta joven, por la necesidad de buscar equidad y un buen nivel de vida para todas las personas. “No es posible que los niños trabajen, o que las personas de la tercera edad estén olvidadas”, asegura un poco seria.

Camila trabajó por un año en el hogar Miguel León, y conoció de cerca la realidad de los niños huérfanos y los ancianos. Por eso ahora como reina actuará con proyectos en su favor. “Esta nueva experiencia servirá para que nuestra hija conozca el dolor de los que sufren y proponga soluciones para mejorar su calidad de vida”, afirma su mamá.

 
Fuente: Diario El Universo