Casas colapsan en el norte de Cuenca por deslizamientos

Luego del último deslizamiento que ocurrió la semana pasada en la ciudadela Jaime Roldós, al norte de Cuenca, tres casas más colapsaron en la parte baja del barrio y se suman a otras 20 que cayeron en los últimos seis meses en la parte alta, en el sector denominado Los Pinos.

Cuatro viviendas de Los Pinos están al borde de un precipicio. Desde la puerta de ingreso a una de estas  casas, que aún están en construcción, existen aproximadamente 60 metros de altura, en donde una gran masa de lodo cubre lo que hasta la semana anterior eran escombros de las viviendas que colapsaron.

De las primeras viviendas que cayeron no quedan rastros. En ese espacio se observan mangueras de aguas servidas que en ciertos tramos se desconectan, por lo que el líquido que sale de estas se suma al que corre por canales de lodo que se han formado en mingas hechas por los moradores y la Empresa Municipal de Teléfono, Agua Potable y Alcantarillado (Etapa).

En la mañana, cuando los rayos del sol cubren la ciudad, el olor de esas aguas se torna nauseabundo. En la parte baja, los moradores de las casas que quedan al borde del precipicio contratan obreros para que ayuden en la limpieza, ya que hasta este martes, y durante las tres últimas semanas, la municipalidad puso dos palas mecánicas a sacar las toneladas de tierra.

“Mi casa todavía está en pie y si se llega a caer demandaré a la municipalidad por la falta de agilidad en las obras de contingencia para evitar tanta desgracia”, aseguró César Pañol.

“Un concejal me reclamó porque les obligamos a los del Ejército a trabajar, dice que utilizamos palabras duras, por lo que le pido mil disculpas. Pasa que cuando uno ve que el trabajo de toda la vida se queda bajo miles de metros cúbicos de tierra y no hay quién ayude, uno no sabe ni lo que dice”, indicó Antonio Buele, vicepresidente del barrio.

Además, los afectados aseguran que ningún ente estatal creó albergues para las familias damnificadas y para otras nueve familias que abandonaron sus casas desde este fin de semana por el temor a quedar enterradas. Al momento, los damnificados se refugian en viviendas de familiares y amigos.

“Nos dieron hace una semana una ración para una familia de cuatro personas, pero nada más. Al señor gobernador le escuchamos por la radio decir que nos ayudarán con el pago de 250 dólares para arriendo por seis meses, pero al menos con nosotros no se concreta”, dijo Gloria Illescas.

Luis Gordillo, otro vecino, aseguró que el Consejo Provincial del Azuay aceptó el pedido de los moradores de incrementar máquinas para limpiar los escombros en la parte que quedó en medio del deslizamiento. Estos trabajos, según Paúl Pañi, técnico de la entidad, empezarán este miércoles.

Fuente: Diario El Universo