El clima, la tranquilidad y la amabilidad de su gente hacen de Cuenca el destino preferido de los jubilados norteamericanos

 

En 2009, la revista National Living publicó un estudio que declaraba a la ciudad ecuatoriana de Cuenca como el destino ideal para jubilados. Desde entonces hasta la actualidad, más de tres mil norteamericanos se han asentado en la urbe, capital de la provincia del Azuay, atraídos por su clima, la tranquilidad y por la amabilidad de su gente.

Santa Ana de los cuatro ríos de Cuenca, con casi quinientos mil habitantes, tiene varios reconocimientos internacionales. En 1999, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Luego fue nominada en el puesto 49 entre los destinos históricos del mundo, por la revista National Geografhic Travel. En 2009, la publicación especializada Lonely Planet reconoció a Cuenca como uno de los diez lugares que se deben visitar en el mundo.

Todas estas credenciales, sumadas al sosegado ambiente que se vive aquí, una ciudad en la que la mayoría de instituciones públicas hacen una pausa prolongada a la hora del almuerzo, han sido un atractivo para los foráneos que visitan la ciudad para explorar la posibilidad de quedarse.

Ann Gaelet, del estado de Maine, Estados Unidos, está de visita por primera vez en Ecuador. Ella permanece por cerca de un mes en Cuenca para aprender español, en el centro Simón Bolívar. No ha decidido quedarse a vivir, pero dice que le gusta la arquitectura muy antigua de la urbe y la amabilidad de su gente.

Simón Pedro Shaffa, de Carolina del Norte, EE.UU. destaca que Cuenca es una ciudad muy limpia, en comparación con otras ciudades de Latinoamérica.

Jack Wilson, originario de Dallas, paseaba el martes por el céntrico parque Calderón. Él, al igual que otros tantos, llegó impulsado por los excelentes comentarios de sus compatriotas que vinieron hace unos años y optaron por quedarse.

“Estamos investigando. Todo el mundo habla de Cuenca. Dicen que hay gente muy amable, el costo de vida es más bajo y hay gente muy agradable”, cuenta Jack a la agencia Andes.

Por su parte, Donna Boile, de Virginia, dice que quiere vivir en Cuenca, que le gusta la amabilidad de su gente y que de alguna manera viene a buscar “el sueño ecuatoriano”.

Felipe Cardoso, de la Fundación Municipal Turismo para Cuenca, confirma que características como el clima benigno de la ciudad, sin cambios extremos, la tranquilidad y la eficiente dotación de servicios básicos han influido para que se convierta en un lugar de residencia para los extranjeros.

“Pienso que hay implicaciones positivas por cuanto el cuencano es de naturaleza amable, bastante receptiva. Se ha dado una buena sinergia, generalmente el cuencano es una persona que le gusta ayudar al extranjero, al turista”.

Como contraparte, los nuevos vecinos llegan con deseos de ser parte activa de la sociedad e involucrarse en ayuda social y en la dinámica de desarrollo de la ciudad.

Uno de los aspectos negativos, de manera indirecta, es que la llegada de los foráneos ha generado el encarecimiento de algunos servicios y de las bienes raíces, indica Cardoso.

Pero los aspectos positivos son más y la promoción turística de Cuenca se ha disparado con el boom que ha significado la presencia de los nuevos residentes.

Fuente: ANDES