El hombre que cambió el ocio para siempre

EFE | MADRID

Shigeru Miyamoto entró por recomendación en Nintendo en 1977, pero su imaginación sin límites ha conseguido revolucionar el entretenimiento, hacer que pequeños y mayores se sientan tentados por los videojuegos y que un personaje bajito, feo y mediocre como Súper Mario sea uno de los héroes más queridos.

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2012 es el último reconocimiento para el autor de videojuegos como The Legend of Zelda o Donkey Kong e impulsor de la consola Wii, considerado el padre del videojuego moderno y principal referencia del ocio interactivo.

Méritos todos ellos logrados huyendo de la violencia y la frustración e intentando aportar sentido de la justicia en sus historias. La labor del hoy director administrativo general del área de Entretenimiento, Análisis y Desarrollo de Nintendo ha sido trascendental para popularizar los videojuegos y para que estos lleguen a ser considerados activadores mentales, físicos y sociales.

Los juegos de Miyamoto, quien nació en Kioto en 1952, demandan habilidad, pero no competitividad directa. Cada nueva apuesta del japonés ofrece un contenido y unos retos exquisitos que consiguen dar una vuelta de tuerca a una industria que se acomoda en la fórmula de repetición de las sagas de éxito. Visionario y carismático, de su mente han nacido no solo algunos de los personajes más icónicos de los videojuegos –ha hecho más de cien–, sino la consola Wii, que amplió de forma exponencial la audiencia del ocio interactivo, gracias a una máquina que ofrecía una mecánica de juego sencilla y perseguía la participación de toda la familia.

A raíz de Wii concibió Wii Fit, un sistema de ejercicio en casa que pretendía acabar con el prejuicio de que el ocio interactivo potenciaba la obesidad. Los competidores directos de Nintendo, Sony y Microsoft, se vieron obligados a seguir esa senda de popularización del ocio interactivo lanzando al mercado el mando Move y el sensor de movimientos Kinect, respectivamente.

Las consolas portátiles DS (la primera con dos pantallas) y Nintendo 3DS –esta última con menor éxito comercial– también forman parte de su currículum creativo. Pero su obra más famosa ha sido la del icónico Súper Mario, una saga que ha vendido más de 275 millones de unidades.

Bajito y feo, pero simpático y amable, el fontanero italiano empeñado en salvar a una amada princesa que no le corresponde sigue siendo rentable y de calidad, a pesar de tener más de treinta años. La industria del ocio interactivo había pasado un bache importante cuando, el 13 de septiembre de 1985, Nintendo sacó al mercado Súper Mario Bros., un título distinto en el fondo y en la forma a los productos existentes. Su espíritu revolucionó el sector.

El fontanero ya había aparecido en Donkey Kong en 1981, pero su popularidad se multiplicó a raíz de su debut en solitario. Mención especial merece The Legend of Zelda, la otra niña de sus ojos, una saga que siempre alcanza las loas de la crítica, da solera a Nintendo y que ha vendido más de 62 millones de copias.

Su influencia en el sector de los videojuegos es tal que el simple rumor de una posible jubilación hace caer en picado las acciones de Nintendo.

Miyamoto considera que su objetivo en la vida es que sus videojuegos “sean capaces de ofrecer de manera continuada diversión y alegría a personas de todas las generaciones y en todo el mundo”. La Fundación Príncipe de Asturias le ha dado la razón.

Datos

Justificación: El jurado que le otorgó el Premio Príncipe de Asturias destacó en su acta que Miyamoto “es el principal artífice de la revolución del videojuego didáctico, formativo y constructivo”.

Personalidad: “Mantengo la inocencia de un niño grande”, declaró hace unos años Miyamoto en una entrevista con el diario español El País.