Recreando el jazz vocal en el Teatro Centro de Arte

El Teatro Experimental del Centro de Arte desempeña funciones educacionales necesarias para apreciar manifestaciones culturales básicas como el jazz en la música.

El Vam Quartet permite conocer la armonía y melodía del jazz clásico, así como el fraseo disonante y las distintas velocidades del jazz moderno.

Fernando Alvarado, contrabajista y puntal presentó al ensamble: Gustavo Vargas en el piano, Carlos Bravo en batería, Luis Sigüenza en saxo y la voz de Jenny Villafuerte ensayando diversas vocalizaciones, así como un scat-singing creativo y en dueto con distintos instrumentos. Esto es nuevos bríos a viejos estándares de jazz vocal.

Route 66 puso un piano blanco (como el de John Lennon) visualmente en primer plano y musicalmente depurado debido al estilo de Gustavo Vargas que por algo toca en el hotel Oro Verde. Interpretado como un bluesy-swing ofreció un scat atrevido de Jenny y un hermoso fraseo melancólico del saxo.

Carlos Bravo, tocando con todo el feeling jazzero, finalizó la canción en combinación con Jenny cantando en un hermoso e inusual registro medio.

There is no greater love, lenta y cortavena, apoyada en una digitación sofisticada del saxo propuso un final diferente, realmente magistral.

Jenny introdujo un scat suavecito al canto para luego ponerle un freno súbito y finalizar desvaneciendo el mencionado scat. Estos son nuevos giros para viejos estándares.

Bye, bye blackbird, inmortal melodía para todos los tiempos y cantantes de jazz fue un show o despliegue didáctico de cómo jugar con distintas velocidades desde la más lenta en piano hasta el tempo más acelerado posible para luego frenar.

Cuando llegó la hora de interpretar In a mellow tone Jenny se dirigió al público para recordarle que el jazz es la matriz, el origen de todos los géneros americanos como el soul y el rock and roll, de ahí la importancia de recrear de manera creativa el formato tradicional.

Esta canción resultó el swing más rico y relajado de la noche, el piano y el bajo soleando, por turnos.

My funny Valentine, clásico de clásicos, un crossover musical, de jazz a lo más convencional de la música popular americana fue una demostración de Lucho Sigüenza en saxofón tocando lentamente, derramando un sonido sensual para reinventar y modernizar esta inocente y pudorosa canción de los años treinta.

Fever ofreció lo mejor de todos en el escenario, pero la cereza en el pastel fue el scat a dúo entre Jenny y el bajo, para luego hacer lo mismo con la batería imitando con la boca sonidos de percusión y de esta manera concluir el espectáculo enfervorizando al público que rugía de emoción.

Fuente: Diario El Universo