Sao Paulo, la mayor ciudad de Brasil, afectada por embotellamiento récord

REUTERS | SAO PAULO, BRASIL

Sao Paulo vivió el miércoles otro caos de tránsito, con pasajeros varados por más de tres horas en el transporte público y manifestaciones en una estación del tren urbano, una nueva evidencia de que la infraestructura del país no ha logrado mantener el ritmo de su crecimiento económico.

Lo que provocó el embotellamiento récord durante la mañana fue una huelga de trabajadores del tren subterráneo de São Paulo y del sistema de trenes urbanos, que buscan mejoras salariales.

Eso llevó a prácticamente todos los usuarios que poseen automóvil a salir en sus vehículos, una receta para el desastre en un área metropolitana de 20 millones de personas en que una creciente clase media implica que más de 900 nuevos vehículos salgan a las calles cada día.

Pese a las ganancias económicas de Brasil, el gasto del Gobierno en carreteras, transporte público, aeropuertos, puertos y comunicaciones no ha mantenido el mismo ritmo.

Copados 249 kilómetros de calles
En su peor momento, 249 kilómetros de calles y carreteras estaban copadas y paralizadas, según autoridades de transporte de la ciudad. Eso significa más de un cuarto de las principales arterias viales de la ciudad y superó el récord de embotellamiento matutino previo de 119 millas.

El récord histórico de tránsito se registró en la hora de alto tráfico de la tarde en junio del 2009.

El espectáculo de que la capital financiera de Brasil se viera paralizada por una huelga, previamente anunciada, dio pie a una nueva ronda de ira por el fracaso del Gobierno en invertir en infraestructura en años recientes.

El problema podría estar finalmente pasándole la factura a Brasil, cuya economía se ha estancado en los últimos 12 meses.

También renovó las preocupaciones sobre un posible colapso de las carreteras, aeropuertos y sistemas de comunicación cuando Brasil organice la Copa Mundial de fútbol en el 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en el 2016.

“Quienquiera que diga que Brasil es una gran potencia (económica) debería venir y ver esto”, dijo Wilson Pereira, quien trabaja lavando platos, mientras veía imágenes en vivo del tránsito de varias millas de largo en el televisor de una panadería.

Un reportero de Reuters demoró 3 horas y media el miércoles por la mañana para realizar el trayecto de 8 millas en automóvil hasta su oficina, viaje que usualmente toma alrededor de 45 minutos.

Otro vio cómo el conductor de su autobús, frustrado por el tránsito, dejó el vehículo parado, salió y fumó un cigarrillo.

El embotellamiento era tal que policías en motocicletas tuvieron que abrir camino para que pasaran ambulancias por Marginal Pinheiros, la autopista que corre junto al distrito financiero.

Indignación
En una estación de tren en el este de São Paulo, policías dispararon gas lacrimógeno para dispersar a una multitud de varios cientos de personas que bloquearon el tránsito y desinflaron las ruedas de autobuses para demostrar su enfado con la huelga, informaron medios locales.

Otros grandes mercados emergentes como China y la India también han sufrido embotellamientos viales en la medida en que millones de personas entran a la clase media y adquieren automóviles por primera vez.

Pero Brasil está muy retrasado respecto a otros países emergentes en la actualización de su infraestructura, dado que la inversión total sólo promedió cerca de un 17% del Producto Interno Bruto (PIB) en años recientes, lo que se compara a un 44% en China, a un 38% en la India y a un 24 % en Rusia, según un informe de Morgan Stanley.

El resultado han sido embotellamientos en el sistema de transporte y la economía.

Consecuencias
Las cosechas regularmente se pudren mientras los camiones que las transportan esperan en filas de millas de extensión hacia los puertos de Brasil, que ya están sobrepasados.

Las aerolíneas han visto frustrados sus planes de expansión por aeropuertos que operan por encima de su capacidad.

Los economistas sostienen que una infraestructura pobre, junto a altos impuestos y costos de mano de obra, afectan severamente la competitividad de la economía de Brasil.

La economía local se expandió sólo un 2,7% el año pasado y se espera una tasa igual de baja para este año. Eso convertiría a Brasil en una de las economías de más lento crecimiento en Latinoamérica y bien por debajo de las tasas cercanas a un 5% que lo convirtieron en una estrella en la década pasada.

La huelga misma fue una señal de un país bajo presión por años de rápido crecimiento.

Medios locales dijeron que los trabajadores del tren subterráneo y de trenes urbanos pedían un aumento salarial del 14,99% en términos reales, un alza consistente con los recientes años de bonanza en Brasil, pero mucho menos viable en la economía actual.